Nekal se queda fuera de la final de “Supervivientes”

Finalmente, los robinsones finalistas son Lely, Miriam y Leo.  Los espectadores decidieron que Nekal era la que debía abandonar la isla y quedarse justo a las puertas de la final.

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Lo que nadie le puede quitar a Nekal es el mérito de haber llegado hasta aquí y el buen sabor de boca que deja. 

Especialmente cariñosa fue su despedida de su amiga del alma, Miriam, a la que colmó de besos.

supervivientes2-023.jpg En los foros hay discrepancias fuertes sobre el resultado de la votación.  Muchos opinan que Leo no merece estar en la final más que Nekal, e incluso le acusan de flojo y quejica.  Nekal ha demostrado ser una campeona, pero Leo ha superado las pruebas y ha sobrevivido como el resto, a ninguno de los que han llegado hasta aquí se les puede acusar de vagos, eso está claro.

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Eso sí, Lely estuvo a puntito de dejar su puesto de finalista a Nekal, porque sufrió un percance que pudo haber sido muy grave.  El premio de la prueba de recompensa era un pastel de chocolate y el tiempo ganado en la prueba, 2 minutos con veinte, el que tenían por delante para dar cuenta de él.  Y claro, la ansiedad le jugó una mala pasada a Lely y a Leo, sobretodo a la primera que tuvo que dejar de comer y buscar ayuda porque se atragantó y no podía respirar.  Afortunadamente, un golpe en el sitio adecuado por parte de un miembro del equipo, la salvó de males mayores.

El pastel llevaba dentro unos canutillos que determinaban dónde pasaría cada uno de los concursantes los pocos días que les quedan de supervivencia.  A Miriam le ha tocado Playa Uva, a Leo, Playa Cabeza de León y a Lely, Playa Pelícano.  Aunque Leo dijo que la peor era Cabeza de León, Michel dijo en plató que la mala era Playa Uva.  Lo que está claro es que Playa Pelícano le fue bien.  Aunque Lely tiene recursos de sobra para arreglárselas donde sea.

Eso sí, no pudieron trasladarse a sus destinos esta misma noche, por el temporal. Partieron hacia su ubicación de estos últimos días, en una barca en la que, viendo el oleaje que había y como se meneaba, yo no me hubiese montado.

Por Carol Ortiz

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