La sonrisa del pelícano
Por los noventa, la tele en españa aún no era tele de verdad.
Había debates, pocos escándalos y muchos bailes folclóricos, que desfilaron entre la bata
de cola (de pescado de mercadillo andaluz), y el exotismo de purpurina y
plumas secas de las mama chichos.
El color de las privadas (Telecinco y Antena 3, las de
siempre) era similar al de las corbatas del deborador de espacio zapinguero
retrospectivo Carrascal. O sea, a medio camino entre lo chanante y lo
acuarélico de prescolar, cual raya de pantalón de chándal ochentero.
De repente, salió un señor madrileño (luego dijo que era cordobés) que
llevaba haciendo el mismo programa televisivo años. Solo pedía una mesa, un
micrófono anacrónico, una taza y papeles. Muchos papeles (para saltarse sus
propias normas, se supone). Se llamaba Pepe Navarro, y era el encargado de
traer a nuestro país el Late Show americano…

Ese que solo conocíamos de vista por los múltiples cameos del barbilludo y omnipresente Lenno en
películas de relleno. Navarro se encargó de fusionar su particular estilo,
(tranquilo, muy pausado, pero dándose las prisas del directo) con la citada
canallesca nocturna de mitos americanos como David Letterman. Por último,
sazonó su peculiar “Tonight Show” con un amarillismo inglés que le venía al
pelo a una España de Ruices Mateos y Gil y Giles. También ofertó sexo, que
para algo era noche, y fue el primero en orquestar campañas de captación de
audiencia. Vamos, que cogía un tema, y lo manoseaba hasta dejarlo ajado y
olvidado (excepto por los juzgados). Ahí quedó Alcáser.
Años después, la tele evolucionó, y las venenos se tornaron en Boris, y las
corbatas de Carrascal en los Ienegé Directes de Matías Prats. Navarro se
había forrado a base de indemnizaciones, y hartado de demandas y
señalizaciones directas. Que si un vídeo sexual, que si la telebasura…
La Uno lo ficha para el Late (definitivamente, lo suyo), y agota su formato
cohibiédose ante el sensacionalismo de las privadas. Lo echan (con una
palmadita, no con una patada) y a los hijos pródigos (o póstumos) les entra
el gusanillo.
Los temas “estrella” del morbo, ya no eran las niñas esas
violadas, si no el lesbianismo de Encarna y la Pantoja y sus restaurantes.
Pero la audiencia baja, y se requieren nuevos objetivos. Y el antaño
inventor del género, es ahora la víctima.
Se le pinta a Pepe de maltratador, ligón, adúltero… de todo. Y él no lo
entiende, porque la vida privada esto, y Carolina de Mónaco lo otro.
A mi, señores, me importa un huevo si
se lo merece o no, si es verdad o mentira. Lo único que se es que este circo
me divierte tanto como a Pepe un chiste con acento mañico.
Y ojalá vuelva
con un programa, arrase en audiencia, y se vengue de los herederos de su
televisión. No por cinismo y regoicijo basurero, sino porque él lo vale. Y
la TV necesita un líder Mississipero, que ahora Sardá está de vacaciones. Y
Buenafuente aburre a las piedras…
Por favor Milikito, contrata a Pepe para La Sexta, que se hace querer con su
estilo macarrónico y seductor, de sonrisa cínica y labia atiborrada.
Además, que coño, Ruffus no estaba tan mal…
Artículo escrito por: Berto Zárate (6dedosgordosdelpie)
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