La Hora Chanante

A veces no basta con tirar del chirrío cáustico de un pedo para provocar la
risa fácil.
En ocasiones es necesario recurrir a fondos más esquinados de
nuestro subconsciente para ser recompensados con una sonrisa, pues no
siempre un taco o una escatología cumplen de manera tan gratuita con
semejante tarea.(leer más)

Pero fíjense, lo hacen en un porcentaje casi abusivo en
nuestra escala RITER para los terremotos de tórax, aquellos que siempre van
de la mano de una sonora carcajada. Sin embargo, el arte de lo obsceno, lo
soez, la sal gorda; está por encima de cualquier diálogo rebuscado entre las
cuerdas de un arpa tocada al son de una clase alta que rebuzna diálogos
ingeniosísimos.

Porque para sutilezas ya está el mal gusto, sumergido
siempre en una arqueología de plástico, el mismo que envuelve la más
brillante de las joyas bajo la apariencia pegajosa de un mugriento celofán.

Cuando Divine eructa, cuando Ben Stiller se engancha el pito con la
cremallera, lo hacen respondiendo a una estrategia epeológica de lo
(in)humano.
La mueca contenida que guardamos en la jaula de las buenas
formas ante el chico con retraso mental que delante de la cola del súper
tarda siglos en contar las moneditas, es liberada sin juico previo alguno al
visionar cualquiera de las barbaridades que John Waters, Santiago Segura o
los Farelli de antaño nos proponían.

Este proceso de contención-explosión es
aplicable también a la hostia que un párbulo de come al jugar temerariamente
en el parque, al esfuerzo de un obeso para caminar, o a cualquier otra
situación embarazosa de vergüenza ajena que se nos plante en las napias.
Mutismo sepulcral, la educación por delante de todo. Ya desahogaremos al
llegar a la sala.

Esta condición higiénica del humor bastardo es entendida a la perfección por
unos tontunos spaignoles recién salidos de las minas humorísticas del canal
por cable Paramount Comedy.
Allí nació un espacio mensual de media hora que
permitía al ciudadano medio mearse de risa indiscriminadamente y aflojar
toda la tensión retraída a cause de esos malditos modales, tan necesarios
como molestos.

El programa se llama La hora Chanante, y está comanadado por
Joaquín Reyes (también conocido como Richard en Camera café), Ernesto
Sevilla, Raúl Cimas
y otras gentes de mal vivir. Recuerden que una vez al
mes les reservan unos minutos para olvidarse de la buena educación, viajando
de la mano de su surreal pod(r)erío. ¡Genios!

Berto Zárate (6dedosgordosdelpie)

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