Este martes en “Yo soy Bea”
Álvaro ha escuchado de boca de Diego la peor orden que podría recibir: ganarse la confianza de Bea para que ésta le ceda sus acciones, como hizo con Gonzalo.
La otra opción que le ha dado Diego es el despido, así que Álvaro le contesta que le conseguirá las acciones.
Y la oportunidad de facilitar el acercamiento, la pone un reportaje para desenmascarar a un cirujano plástico sin escrúpulos. Bea propone que ella misma acuda como paciente con una grabadora, pero Diego pone como condición que sea acompañado por Álvaro haciéndose pasar por un matrimonio.
Así pues, Bea pide cita para el Dr. Vivancos, que en un principio no tenía un hueco pero que inventa un socavón para atenderla cuando Diego le ofrece el triple de sus honorarios. Cuando Bea aparece en la consulta, la enfermera espeta “Ahora entiendo la urgencia del caso”. El médico le hace comentarios hirientes sobre su físico para convencerla de que se haga diversos retoques, lo que acaba por minar el ánimo de la joven.
El doctor, pensando en sus honorarios, pretende operarla al día siguiente, aprovechando que Bea le ha llevado unos análisis recientes, en los que se indica que es alérgica a la Novocaína, a lo que Vivancos responde que no es problema porque hay otros anestésicos.
Mientras, Elena regresa al trabajo y Guti reconoce ante Marga que siente algo especial por su secretaria. Al final, ambos caen en la tentación y vuelven a chatear, quedando para verse en un bar.
Y Benito sigue con su farsa, obnubilado al tener tan cerca a su amor platónico. Con la ayuda de Chali, no sólo se hace pasar por un famoso fotógrafo y director creativo de la revista; además, resulta ser “el dueño del loft”.
Por Carol Ortiz
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